Determinantes sociales

    La Organización Mundial de la Salud (2009), define los determinantes sociales de la salud (DSS) como las circunstancias en que las personas nacen crecen, trabajan, viven y envejecen, que son causa de las desigualdades e inequidades sanitarias entre los países y dentro de cada país. Estas circunstancias incluyen factores sociales, políticos, económicos, ambientales y culturales.

    La salud mental se ve influida por los determinantes sociales de los cuales a pesar de que existen factores biológicos y del comportamiento, los principales tienen que ver con la desventaja socioeconómica, violencia, discriminación social y cultural.                                              

 Intermediarios:

-Alimentación deficiente y no balanceada.

-Abuso de sustancias nocivas como alcohol, drogas, etc.

-Embarazos adolescentes

  Estructurales:

-LLa pobreza implica la carencia de los servicios básicos y el acceso limitado a los servicios repercuten en las condiciones de vida de las personas, lo cual llevar a vivir en ambientes caóticos que generan estrés, ansiedad y depresión.

-EEl desempleo: Las personas que no cuentan con una seguridad laboral tienden a presentar síntomas depresivos.

-EEl bajo nivel de educación limita el acceso a la información y a distintos servicios de salud que aumentan la vulnerabilidad e inseguridad.

-EEl poco apoyo gubernamental de acuerdo con el gasto público destinado para la salud mental.

        Entre los principales factores psicosociales asociados al trastorno de depresión en la población mexicana, se encuentra precisamente ser mujer; en ese sentido, es importante considerar la influencia que pueden tener las actividades que históricamente han sido delgadas a las mujeres, tales como la crianza de las hijas y los hijos, las labores domésticas y el cuidado de las personas enfermas (Ramos-Lira, 2014).

         Por su parte, con el objeto de ofrecer mejoras e impulsar el fortalecimiento de la salud pública en Cuba, Linares Pérez (2015) propone, entre otras ideas, fortalecer el entendimiento del enfoque de género en salud y su aplicación en todos los ámbitos. Al respecto, sostiene que es preciso reconocer la diferencias entre la mujer y el hombre, tener presente la influencia de las estructuras biológicas, sociales y culturales a fin de definir los riesgos en la salud y desarrollar políticas y programas que permitan alcanzar la equidad de género.

           En ese sentido y retomando a ambos autores, podemos concluir que, toda vez que la situación de desigualdad de género que se reconoce en Cuba también persiste en la población mexicana, abrir debates al respecto en nuestro país es igual de urgente, ya que representa un paso importante para establecer prácticas en el ámbito privado y social, así como políticas públicas que nos acerquen a la equidad de género.



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